18 octubre, 2009

El amor de los que sufren

Jornadas de bioética y comunicación
El amor de los que sufren – Ed. San Benito
P. Abel Cortina – Magister en ética biomédica. U.C.A.


Este libro parte de la experiencia del Papa Juan Pablo II con respecto a la enfermedad. Nos ofrece un marco para comprender el valor salvífico del sufrimiento, adoptando la misma opción de Jesús de padecer con el otro, sentir compasión por el otro.
- Concepto de enfermo
- Presupuestos antropológicos
- Sentido de la enfermedad
- Misión de la Iglesia
- Consideraciones prácticas

No se busca obtener respuestas al por qué de la enfermedad, del dolor, sino convertirlo en instrumento de conversión, hacer el bien al que sufre y hacer bien con el sufrimiento.
El enfermo como objeto de cuidados y también como agente activo que hace un aporte valiosísimo a la Iglesia. El sufrimiento adquirió sentido a partir de la muerte de Jesús, pero tenemos el deber de luchar contra el sufrimiento y la enfermedad.

El libro se mueve sobre tres ejes:
Reflexivo
Cómo sobrellevar la vida diaria
Consideraciones para las personas que sufren y las que los atienden.

El Papa Juan Pablo conoce el sufrimiento desde su niñez, un gran sufrimiento y soledad:
- Pierde a toda su familia antes de los 22 años, primero a una hermana, luego a su madre, a su hermano y por último a su amado padre.
- Por propia experiencia durante la guerra. Es arrollado por un camión alemán y dado por muerto. Una mujer lo lleva a un hospital y mientras se recuperaba lee La noche oscura del alma de San Juan de la Cruz. En 1943 toma la decisión de hacerse sacerdote.

Pocas horas después de iniciar su pontificado, visita a un amigo en el hospital Gemelli en Roma. Invocó sobre él la gracia de Dios por la intercesión de la Sma. Virgen. Siempre tuvo una sensibilidad muy especial para el enfermo.

Como Pontífice en todos sus viajes, sus encuentros, siempre hubo un lugar y tiempo para los que sufren.
- 11-2-84 promulga Salvifici Dolores
- 11-2-85 crea la Pontificia Comisión para la Pastoral de la Salud
- 13-5-92 instituye la Jornada mundial del enfermo
- 11-2-94 crea la Academia Pontificia de la vida

Objetivos:
- sensibilizar a todo el pueblo de Dios, para asegurar la mejor asistencia a los enfermos, ser concientes de que en nuestra comunidad hay enfermos.
- Ayudar al enfermo a valorar el plan de Dios a nivel humano y sobrenatural del sufrimiento.
- Compromiso de las diócesis, los agentes pastorales y todas las familias cristianas
- Compromiso del voluntariado
- Importancia de la formación espiritual y moral del voluntario
- Comprender mejor la importancia de la asistencia religiosa de los enfermos.

El centro es la persona del enfermo.
No es fácil comprender el sufrimiento. Es un misterio. El hombre es una unidad psíquico-social. Tenemos que acercarnos a la persona del enfermo para ayudarlo a recuperar la salud, que es la tensión hacia la armonía física, psíquica y espiritual.
Es importante pedir la salud, porque es lo que le permite al hombre poder realizar la misión que le ha sido confiada.

La pasión de Jesús nos revela el valor salvífico del dolor. El sufrimiento del hombre a partir de Jesús tiene un nuevo contenido como instrumento de redención.
Jesús es el buen samaritano. Sale al encuentro del que sufre. Hay una relación entre la Trinidad y el misterio del dolor. Imagen del Padre que se conmueve del hijo pródigo, lo reintegra como hijo a su familia.
Compadecerse del que sufre. El agente de salud es el paso de Jesús en medio de los enfermos. Así lo entendieron los fundadores de las órdenes hospitalarias. Ser Jesús para el enfermo y a su vez, descubrir en el enfermo al propio Jesús.
Esto es un bien para todos, para los sanos y para los enfermos. Es fuente de caridad.

Actitudes para acercarnos al enfermos para los agentes de la salud y la familia.
Deben estar siempre guiados por el amor, vivirlo como un don de sí, una entrega total a Cristo, a quien hemos de darle todo. Abnegación y entusiasmo. Sabernos también nosotros débiles y radicalmente enfermos, objeto de la sanación de Jesús. Acercarnos al enfermo en la fe. Presencia de Cristo en los enfermos.
Buscamos la salvación integral de la persona que sufre, debemos asimilar el dolor, aunque luchemos contra él.
Compartir el dolor con una sonrisa, con el tacto.
En los momentos finales de la vida, el enfermo está más sensible.
Relación a nivel personal, una relación responsable.
El agente de la salud debe valorar la tarea que Dios le ha confiado y dar gracias.
Prestar el servicio con una entrega de corazón.
Descubrir lo que el enfermo requiere en cada momento.
Cultivar la virtud de la esperanza, para que los enfermos participen en la misión de la Iglesia ofreciendo su dolor.
El servicio no termina con el alta médica, sino que continúa en su reinserción en la sociedad del enfermo, con los servicios paliativos.
Cada jornada es un desafío a la creatividad. Desarrollar un compromiso serio y generoso.
La familia es muy importante, indispensable y debe involucrársela y desarrollar con ellos una acción pastoral.

El enfermo contribuye al anuncio del Evangelio dando testimonio del amor de Dios, motivando a una reflexión sobre el sentido de la vida.
La dignidad de la persona del enfermo ocupa el lugar que le corresponde cuando sabe comunicar a los demás enfermos su testimonio de fe y de amor.

Es constante el mirar de Juan Pablo II a la Virgen María, como imagen viva del Evangelio del sufrimiento. Instaba a inspirarse en María, Madre del amor y del dolor humano para subsistir en el camino diario de la prueba.
Que la Virgen nos ayude a mirar a los enfermos con sus propios ojos. No podemos quedarnos como oyentes pasivos.

Reflexión del Cardenal Cupar:
El profesor le pregunta a sus alumnos ¿Cuándo comienza el día? Uno contesta que es cuando se alza el sol, otro cuando los pájaros comienzan a cantar y la naturaleza se despierta. El profesor seguía insatisfecho con las preguntas y los alumnos le piden que diga él cuando comienza y él responde: El día comienza cuando veas a un extraño en la oscuridad y reconozcas en él a tu hermano. En ese momento comienza el día porque el sol puede salir, los pájaros cantar, pero en tu corazón puede seguir siendo de noche.
Pidamos a Dios que nos dé ojos para ver, corazón para sentir y manos para asistir a los que sufren.

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