16 agosto, 2010

Síndrome post-aborto

Jornadas de bioética y comunicación
Síndrome post-aborto
Prof. Lic. Iris C. Moreira – Psicóloga y psicóloga social, formación de catequistas

Todo cambio en el cuerpo tiene su registro físico. Este es un tema muy importante. No se trata de juzgar a nadie, sino con toda caridad abrir la conciencia a través del conocimiento, para poder a través de la información, anticipar, prevenir. Ampliar el grado de conciencia de las personas.

La trascendencia psicológica del aborto es grave y constante. No se resuelve en poco tiempo. A partir de las 4 a 6 horas del momento de la concepción se establece un diálogo bioquímico y hormonal entre el embrión y la madre. Este registro psiquico del embarazo es muy importante ya que el cuerpo femenino es lugar de vida desde el punto de vista biológico y psicológico.

Ahora bien cuando se realiza un aborto ese cuerpo se constituye en emboscada letal, se constituye en una tumba. Esta contradicción fundante genera una honda pena existencia. Es muy difícil para la mujer seguir adelante cuando ha acontecido esta brutal contradicción y se vive como un fracaso que incapacita, un desastre. Esta contradicción atraviesa la existencia de la madre pero también del padre de la criatura, aunque sea el cuerpo de la mujer el que reciba el impacto.

Comienzan a sucederse abortos parciales. El inconsciente dramatiza la escena traumática por compulsión a la repetición, hasta que no sea elevado al plano de la conciencia, en otros aspectos de su vida: trabajo, separación, disturbios severos relacionales, cortes, interrupciones son una forma de poner en acto la escena traumática.

Las leyes del inconsciente son diferentes de las de la conciencia donde hay lógica y razón y el principio de la realidad. La elaboración tiene que ver con una toma de conciencia.

Hay sensación de fracaso, desastre, incapacidad. Es una pena prohibida, el duelo está silenciado. Es largamente oculto, en mi consultorio veo como mujeres ya añosas necesitan poder decir lo que han cargado por mucho tiempo.

Y lo repiten en la confesión a lo largo de los años. Hay que trabajar sobre el propio perdón. En el fondo secreto más profundo de la mujer es seguro que no ha querido abortar. Es un grito de la naturaleza instalado en todas nuestra células.

Desde los años 70 se conoce toda esta sintomatología. ¿Por qué no se difunde más lo que hace el aborto a la mujer y al varón? Genera un dolor a posteriori. Este tema debería incluirse en temas de sexualidad y de salud. La persona tiene derecho a saberlo. Es necesario que sepa que va a cargar con este problema. Es una realidad que habita en lo profundo del ser de la madre y que recaerá como una sombra en los hijos nacidos o por nacer.

Un hombre llamó y dio un testimonio de su abuela de 80 años que le contó que tendría un hijo que cumpliría 46 años que perdió por un accidente en una escalera. El corazón guarda este fracaso y el de una prima suya que fue obligada a abortar a los 15 años y sigue pensando en ese hijo que no dejaron que fuera.
En este momento cada vez más los abortos están relacionados a la adolescencia. Es una realidad diferente cuando una criatura de 15 años es obligada por sus padres o por las circunstancias a abortar. En psicología se habla de grados y se marca de manera ineludible cuando todavía está formándose y esto es para el resto de su vida. Necesita hacer un tratamiento de liberación de la pena oculta. La situación es diferente cuando se aborta a los 35 años con un proyecto de vida ya constituido, pero todas las personas que atraviesan un aborto tienen el síndrome con distintos grados. Es una realidad que pasa a nivel psicológico.

El varón, haya acompañado o no a su pareja, también carga con este saber. El inconsciente lo va a repetir para elaborarlo, pero sólo puede elaborarse en el plano de la conciencia. La no elaboración de la culpa secreta genera un tormento emocional por esta angustia prohibida, oculta, negada. Al no haber podido sostener la vida, no puede sostener nuevos proyectos. Esto le resta energía, fortaleza, ilusiones, esperanzas.

Hay manifestaciones patológicas a nivel orgánico: necesidad de auto castigo, elecciones de parejas de maltrato, no se eligen parejas contenedoras.
También se da compulsión a la repetición del acto abortivo, se vuelve a provocar ese dolor por culpa y se genera nuevamente una angustia tremenda.
Hay que deshumanizar al fruto que está en el vientre para poder abortarlo y esto tiene el costo de la propia deshumanización.

Secuelas:
- insomnio, cefaleas, mal humor, nerviosismo e irritabilidad constante. Tiene una herida profunda sin resolver.
- Trastornos en la alimentación, compulsividad alimentaria. Se trata de llenar ese vacío con comida.
- A nivel psicológico, la persona se coloca en situaciones de riesgo. Comienza a no registrar la percepción interna de posible amenaza. No puede vivir con este vacío imposible de llenar. Es una forma inconsciente de auto castigo.
- El duelo oculto se manifiesta haciendo más profundos sucesivos duelos, con reacciones dolientes exageradas porque el aparato psíquico genera una sumatoria de duelo. Colapso anímico ante situaciones de duelo.
- Disfunción sexual. Pierde la capacidad de disfrutar sanamente su sexualidad, o por el contrario se da la compulsividad y búsqueda incesante y promiscua, vividos como intentos frustrados de este duelo no resuelto.
- Pierde la capacidad de generar proyectos de vida, de transitar lo cotidiano con el otro, de tener un proyecto compartido. Son diversas formas de autocastigo.
- También puede darse el embarazo de reemplazo. La pareja inmediatamente busca el embarazo, pero este niño nunca será el mismo sino que será él y el fantasma.
- Pérdida de la autoestima, no sólo se pierde la autoestima sino también la confianza en su persona.

Los hijos perciben los embarazos en la mamá y también detectan su interrupción. Queda inscripto como algo trágico, algo que está dando vueltas, algo no nombrado, fantasmático, que se manifiesta en terrores nocturnos, enuresis, retroceso, trastornos en la escolaridad.

Es necesaria una larga elaboración. La mujer tiene que trabajar sobre el perdón a sí misma. Algo que estaba llamado a la vida fue detenido. Desde el punto de vista espiritual, debe aprender a perdonarse con el perdón de Dios.
¿Qué consejo puede darse a una mujer que abortó? Ponerle un nombre. Los ritos son necesarios. Orar por esta criatura. Una paciente una vez me dijo: tantas veces pensé, “si yo pudiera volver atrás, borraría ese momento, pero ahora acepto mi historia de dolor porque quiero tener esta presencia en el Cielo”.
Contaba con esa presencia como una presencia bienhechora, perdonada.
Es una recuperación positiva. La elaboración.
Es importante el conocimiento previo, tan íntimamente ligado a la ley natural.

¿Por qué este conocimiento se niega al saber público y en los debates que se originan no se habla del síndrome post-aborto?
Pareciera que la sociedad quiere tener a los pobres y a los marginados en esa condición.

Para sanar, hay que re-humanizar, también a la mamá y a ese niñito abortado.
Para abortar, hay que deshumanizar.

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