14 enero, 2021

14 diciembre, 2020

13 diciembre, 2020

11 diciembre, 2020

FRATELLI TUTTI en audio.CLICKEAR Y ESPERAR LA REPRODUCCIÓN (PUEDE TARDAR)
INTRODUCCION DE FRATELLI TUTTI

cap 1 DE FRATELLI TUTTI

cap 2 DE FRATELLI TUTTI

cap 3 DE FRATELLI TUTTI

cap 4 DE FRATELLI TUTTI

cap 5 DE FRATELLI TUTTI

cap 6 DE FRATELLI TUTTI

cap 7 DE FRATELLI TUTTI

cap 8 DE FRATELLI TUTTI

25 octubre, 2020

LA FE
RESPUESTA A LA VIOLENCIA CONTRA LA IGLESIA EN CHILE

03 septiembre, 2020

20 agosto, 2020

PANTALLAZOS DEL NUEVO DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS--->

21 mayo, 2020

PARA MINISTERIO DE FAMILIA

17 abril, 2020



LA RELACIÓN CON EL SEÑOR DEBE SER COMUNITARIA
Homilía del Papa en Santa Marta:17 de abril de 2020
(Fuente: Vatican News)
Los discípulos eran pescadores: Jesús los había llamado justamente en su trabajo. Andrés y Pedro trabajaban con las redes. Dejaron las redes y siguieron a Jesús. Juan y Santiago, lo mismo: dejaron a su padre y a los muchachos que trabajaban con ellos y siguieron a Jesús.
La llamada fue en su trabajo como pescadores. Y este pasaje del Evangelio de hoy, este milagro, esta pesca milagrosa, nos hace pensar en otra pesca milagrosa, la que cuenta Lucas en el capítulo cinco: lo mismo ocurrió allí también. Tuvieron una pesca, cuando pensaban que no tenían ninguna.
Después del sermón, Jesús dijo: “Vayan al mar - ¡Pero trabajamos toda la noche y no pescamos nada! – Vayan. Confiando en tu palabra, dijo Pedro, echaré las redes. Había tanto - dice el Evangelio - que fueron tomados por el asombro, por ese milagro”. Hoy, en esta otra pesca no se habla de asombro. Se puede ver una cierta naturalidad, se puede ver que ha habido progreso, un camino que ha ido creciendo en el conocimiento del Señor, en la intimidad con el Señor; diré la palabra correcta: en la familiaridad con el Señor. Cuando Juan vio esto, le dijo a Pedro: "¡Pero si es el Señor!", y Pedro se ciñó la túnica, se tiró al agua para ir al Señor. La primera vez se arrodilló ante él: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador. Esta vez no dice nada, es más natural. Nadie preguntó: "¿Quién eres?" Sabían que era el Señor, era natural, el encuentro con el Señor. La familiaridad de los apóstoles con el Señor había crecido.
Nosotros los cristianos, también, en nuestro camino de vida estamos en este estado de caminar, de progresar en la familiaridad con el Señor. El Señor, podría decir, está un poco "a la mano", pero "a la mano" porque camina con nosotros, sabemos que es Él. Nadie le preguntó, aquí, "¿quién eres?": sabían que era el Señor. La familiaridad diaria con el Señor es la del cristiano. Y seguramente, desayunaron juntos, con pescado y pan, ciertamente hablaron de muchas cosas de forma natural.
Esta familiaridad con el Señor, de los cristianos, es siempre comunitaria. Sí, es íntimo, es personal pero en comunidad. Una familiaridad sin comunidad, una familiaridad sin pan, una familiaridad sin la Iglesia, sin el pueblo, sin los sacramentos es peligrosa. Puede convertirse en una familiaridad, digamos, gnóstica, una familiaridad sólo para mí, separada del pueblo de Dios. La familiaridad de los apóstoles con el Señor fue siempre comunitaria, siempre en la mesa, un signo de la comunidad. Siempre era con el Sacramento, con el pan.
Digo esto porque alguien me hizo reflexionar sobre el peligro que este momento que estamos viviendo, esta pandemia que nos ha hecho a todos comunicarnos religiosamente a través de los medios, a través de los medios de comunicación, incluso esta Misa, estamos todos comunicados, pero no juntos, espiritualmente juntos. La gente es pequeña. Hay un gran pueblo: estamos juntos, pero no juntos. También está el Sacramento: hoy lo tienen, la Eucaristía, pero la gente que está conectada con nosotros, sólo la Comunión espiritual. Y esto no es la Iglesia: es la Iglesia en una situación difícil, que el Señor permite, pero el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los Sacramentos. Siempre.
Antes de Pascua, cuando salió la noticia de que celebraría la Pascua en San Pedro vacía, un Obispo me escribió – un buen Obispo: bueno – y me regañó. "Pero cómo es que San Pedro es tan grande, ¿por qué no pone 30 personas por lo menos, para que se pueda ver a la gente? No habrá peligro...". Pensé: "Pero, ¿qué tiene en la cabeza, para decirme esto?". No lo entendí, en el momento. Pero como es un buen Obispo, muy cercano a la gente, querrá decirme algo. Cuando lo encuentre, le preguntaré. Entonces lo entendí. Me dijo: "Ten cuidado de no viralizar la Iglesia, de no viralizar los Sacramentos, de no viralizar al Pueblo de Dios". La Iglesia, los Sacramentos, el Pueblo de Dios son concretos. Es cierto que en este momento debemos hacer esta familiaridad con el Señor de esta manera, pero para salir del túnel, no para quedarse allí. Y esta es la familiaridad de los apóstoles: no gnósticos, no viralizados, no egoístas para cada uno de ellos, sino una familiaridad concreta, en el pueblo. Familiaridad con el Señor en la vida diaria, familiaridad con el Señor en los Sacramentos, en medio del Pueblo de Dios. Ellos han hecho un camino de madurez en la familiaridad con el Señor: aprendamos a hacerlo también. Desde el primer momento, entendieron que esa familiaridad era diferente de lo que imaginaban, y llegaron a esto. Sabían que era el Señor, compartían todo: la comunidad, los sacramentos, el Señor, la paz, la fiesta.
Que el Señor nos enseñe esta intimidad con Él, esta familiaridad con Él pero en la Iglesia, con los Sacramentos, con el pueblo fiel de Dios.
Daniel Díaz Vizzi



21 diciembre, 2019


PRESUPUESTOS DE LA PROPUESTA DE CONVERSIÓN PASTORAL DE EVANGELII GAUDIUM

S.E. MONS. VÍCTOR MANUEL FERNÁNDEZ
En mayo dé 2009, los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina me pidieron que preparara una reflexión que los motivara a dialogar sobre la "conversión pastoral", inspirándonos en el documento de los Obispos latinoamericanos de Aparecida, Dado que el entonces Cardenal Bergoglio participó activamente de aquel debate, creo que es importante recogerlo para entender el trasfondo de la propuesta de Evangelii Gaudium.
'Cuando abrí Google en junio de 2009, y escribí "conversión pastoral", aparecieron 1.570.000 resultados, y en noviembre ya eran 1.780.000. El 29/08/2014 eran 5.650.000 resultados. Esto indica que no se trata de una temática muerta, que ha quedado plasmada en algún documento pero que despierta escaso interés, sino de algo que inquieta a la Iglesia. En aquel momento solicité a la Conferencia Episcopal que me permitiera realizar en Argentina una amplia consulta, que enriqueció la reflexión.

1. ANTE TODO CONVERSIÓN

Para hablar de conversión pastoral, lo primero es remarcar que se trata de una auténtica conversión, y que por lo tanto, es un modo de volver a Dios. Aunque parezca obvio, en primer lugar hay que convertirse a Dios, volverse hacia Él:
"...Ustedes se convirtieron a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero" (1 Tes 1, 9).
"Nosotros les predicamos que abandonen estas cosas vanas y se vuelvan al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra" (Hch 14,15).
Que esta conversión esté lograda no se puede suponer ni siquiera en los catequistas o en los sacerdotes. Conviene decirlo, porque Dios es el sentido último de nuestras vidas, pero puede no serlo en la práctica. No podemos ignorar que hay evangelizadores -también consagrados- que no están muy convencidos del amor que Dios les tiene, o que escapan de su presencia. Les gustan algunas tareas, y discutir acerca de cuestiones pastorales o teológicas, pero viven todo eso al margen de su relación personal con Dios como sentido último de sus vidas. O han perdido la confianza en un Dios capaz de intervenir en la historia y dejan de acudir a él. O, inmersos acríticamente en el consumo de ofertas de bienestar, en la práctica terminan dispersos, perdiendo el interés por responder mejor al amor de Dios con la propia existencia. La figura de Jesús les resulta atractiva pero se ha debilitado el sentido trascendente de la propia vida. Por lo tanto, la invitación a volver a Dios nunca es superflua. Aquí podríamos recordar todo lo que desarrolla el Papa Francisco en Evangelii Gaudium acerca de las tentaciones de los agentes pastorales. Resuena así la Palabra de Dios que nos conmueve cada miércoles de cenizas:
"¡Vuelvan a mi de todo corazón! ... Desgarren sus corazones y no sus vestiduras. ¡Vuelvan al Señor su Dios!" (J1 2,12-13).
Pero desde nuestra autocomprensión cristiana, la conversión a Dios es inseparablemente conversión a Jesucristo, y en el rostro de Jesucristo se nos revela el verdadero Dios: "Nadie llega al Padre, sino por mí (Jn 14, 6); "Separados de mi no pueden nada" (Jn 15,5).

Viendo nacer, vivir y morir a Jesucristo podemos reconocer hasta dónde nos ama el Padre, y desde el corazón resucitado de Jesucristo se derrama en nosotros Ja vida nueva del Espíritu. Esta conversión a Jesucristo es la raíz y la condición de posibilidad de toda otra forma de conversión, porque "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética ó una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (DCE 1). Esta conversión es el encuentro personal, lleno de admiración y afecto, que da origen al camino del discipulado misionero.

2. CONVERSIÓN FRATERNA Y COMUNITARIA

La conversión a Jesucristo es también conversión a su Reino, que es inseparable de su persona: "Busquen ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá solo" (Mt 6, 33). Pero hablar de conversión al Reino nos obliga a desarrollar algunas dimensiones ineludibles de esa conversión que pueden estar poco desarrolladas. La conversión al Reino se despliega en varios aspectos, que pueden tener un mayor o menor desarrollo en nosotros. Explicitar esas dimensiones permite percibir toda la riqueza de sentido que tiene la conversión y nos lleva a reconocer en qué dimensión del Evangelio todavía nos falta convertirnos.
Ante todo hay que hablar de la dimensión comunitaria, porque "Dios en Cristo no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres humanos"[l]¡Cuántas veces el Papa se refiere al pecado de la "auto referencialidad" y a la "conciencia aislada". Ahora, ¿por qué puede hablarse aquí de "conversión" y en qué sentido? La conversión a Jesucristo ¿no es siempre al mismo tiempo conversión al hermano? El problema es que el desarrollo de la dimensión fraterna de la vida cristiana puede estar fuertemente condicionado por una mentalidad muy arraigada, por una educación inadecuada, por costumbres, tradiciones familiares, límites psicológicos, etc. Por eso puede haber una entrega a Dios que sea sincera y que sin embargo sea poco comunitaria. Aunque ello contradice directa, objetiva y gravemente al Evangelio, puede ser subjetivamente no imputable.[2]
Pero cuando la persona condicionada toma conciencia de sus límites y se deja transformar en un camino de liberación, entonces se produce una segunda conversión que podría llamarse "conversión fraterna". Se trata en realidad de un "crecimiento extensivo" de la vida de la gracia cuando, al superarse algún condicionamiento del sujeto, esa vida de Dios que ya está en el corazón de la persona puede explayarse y manifestarse en una dimensión de la existencia donde antes no podía brillar. La conversión fraterna sería entonces esta liberación de los condicionamientos del sujeto que permiten que la vida de la gracia desarrolle su potencial de fraternidad y comunión de un modo luminoso y significativo. Eso da gloria a Dios.
Esto supone siempre un compromiso por el bien común social. Porque "el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras" (NM1 50). Aparecida ha recordado que "el rico magisterio social de la Iglesia nos indica que no podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral" (DA 359).

06 diciembre, 2019

05 diciembre, 2019

19 marzo, 2019

28 junio, 2018

Enseña el padre Vincent, exorcista, a afrontar las asechanzas del demonio

27 junio, 2018


FRENTE NACIONAL POR LA FAMILIA EN MEXICO 2
Dignidad e identidad de la persona humana.pdf


FRENTE NACIONAL POR LA FAMILIA EN MEXICO 3

Ideología de género


01 mayo, 2013

  EL KERIGMA la clave indispensable para poner en práctica el documento de “Aparecida”
Por Han Lim Moon
Al leer el vasto documento de Aparecida, uno se pregunta: “¿hay algún punto clave fundamental para poner en práctica todo el documento?” sobre esta pregunta el mismo documento nos ofrece la siguiente respuesta en el número 278:

“En el proceso de formación de discípulos misioneros, destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí:
a) el encuentro con Jesucristo. …el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana. Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad. El kerygma no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones.”
Para poder apreciar mejor el rico y condensado contenido del párrafo citado, vamos a desmenuzarlo frase por frase:

“el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana”El mismo documento en 6.1.1 número 243 habla sobre este “encuentro con Jesucristo”:
“…al que llamamos discípulo: ‘no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la persona de Jesús (cf Jn. 1,35-39)’

Es decir, este encuentro con Cristo no es conocer quién fue, ni sus doctrinas sino un encuentro personal con la Persona de Jesús. En el primer encuentro de los discípulos de Juan Bautista con Jesús, ellos recibieron su invitación personal “vengan y verán” (Jn 1, 39) y después de haber estado con Él casi todo el día, pudieron atestiguar diciendo: “hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). Podemos observar este encuentro personal en el mismo Evangelio de Juan en el caso de la Samaritana (cap. 4), del ciego de nacimiento (cap. 9). En realidad, los cuatro evangelios se refieren al encuentro con el Evangelio vivo, Jesús. Según expresión del Papa Juan Pablo II, se trata de un “encuentro personal, vivo con ojos abiertos y corazón palpitante”

Y después de este feliz encuentro con Jesucristo, el dichoso transmite necesariamente a otros el Evangelio vivo. Por eso, San Pablo dice: “si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio!” (1 Cor 9,16).

La Iglesia conoce desde siempre la importancia de este encuentro personal con Jesucristo vivo, sin embargo, a la hora de la “nueva evangelización” que intentamos hacer, es fundamental asegurar este encuentro para la iniciación de la vida de un cristiano verdadero.

Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerygma y la acción misionera de la comunidad.”Ahora bien, para poder renovar el encuentro personal con Jesucristo, se necesita el constante testimonio personal del discípulo misionero, la acción misionera de la comunidad unida como signo de credibilidad[1] y un anuncio de la comunidad de fe[2]. En el centro de estos dos elementos, como núcleo, se ubica el anuncio del kerygma.
Este esquema de las obras que dan testimonio de lo que se anuncia refleja el mismo procedimiento de Jesús.[3] Los dos elementos se complementan para el anuncio eficaz. Las obras testimoniales preparan y disponen los corazones para recibir el anuncio en terreno fértil y a su vez, confirman el contenido de la Buena Noticia. Es decir, ven para escuchar mejor el anuncio del Evangelio y verifican, confirman con sus ojos lo que escuchan. El núcleo está en el anuncio de la Buena Nueva para su buena recepción.

“El kerygma no sólo es una etapa, sino que es el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo… la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones.”

El mismo documento explica suficientemente este punto, en el número 279:
“la misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo, y, así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia de los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo. Por eso, la formación obedece a un proceso integral, es decir, que comprende variadas dimensiones, todas armonizadas entre sí en unidad vital. En la base de estas dimensiones, está la fuerza del anuncio kerygmático. El poder del Espíritu y de la Palabra contagia a las personas y las lleva a escuchar a Jesucristo, a creer en Él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno significado a su vida y seguir sus pasos. El anuncio se fundamenta en el hecho de la presencia de Cristo Resucitado hoy en la Iglesia, y es el factor imprescindible del proceso de formación de discípulos y misioneros….”

De todo esto, podemos concluir que el anuncio del kerygma es un elemento indispensable para el encuentro con Cristo como iniciación de la verdadera vida cristiana y también para su proceso de madurez a lo largo de toda la vida.

El documento explica detalladamente los lugares del encuentro con Jesucristo en 6.1.

Lo más importante es prestar siempre atención para no distraerse por las preocupaciones de este mundo en los momentos y en los lugares del encuentro amoroso con Él, y aprovecharlo al máximo. Si uno tiene este encuentro fecundo a diario, necesariamente le llega la paz, el gozo y un gran cambio favorable. Dicho al revés, sería: si no se dan estos frutos en nuestras vidas, cabe preguntarse si, de verdad, tiene lugar este encuentro personal con el Señor.

“Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera.”
¿Por qué tiene, entonces, una importancia tan medular este anuncio kerygmático en el encuentro con Jesucristo?

Porque un encuentro entre Jesucristo y el hombre supone un acercamiento de ambas partes.

De parte de Dios, en primer lugar, porque la iniciativa surge de Él y también por la imposibilidad de parte del hombre de llegar a la intimidad con Dios. Dios se acerca al hombre declarándole su Amor con obras y Palabras, especialmente mediante la encarnación de su Hijo Jesús. Esto es, en resumen, el anuncio del Kerygma. Y este Amor de Dios es lo que da fecundidad a todas las áreas del hombre a lo largo de todo su proceso de madurez y convierte de verdad el corazón y la mente del hombre.

Ahora bien, debe haber una respuesta positiva de parte del hombre para que se dé este encuentro: la fe, la adhesión a la Persona de Jesucristo, el Salvador del hombre. Justamente esta fe es suscitada por el anuncio kerygmático, la declaración del Amor de Dios al hombre.

Esta fe es anterior a la buena conducta del hombre que es consecuencia de su conversión. Sostenemos que la salvación es la gracia concedida por haber creído en el Salvador y no por haber merecido por nuestras buenas acciones, aunque estas son requeridas para confirmar la coherencia de nuestra fe y plenificarla.

Jesús mismo fue el anunciador de este kerygma y de su contenido. Luego de su ascensión, la Iglesia lo proclama con la fuerza del Espíritu Santo como miembro suyo.

En la actualidad, el anuncio kerygmático de parte de la Iglesia, acompañado de obras de credibilidad en la medida de lo posible, y la fe del hombre como adhesión a Jesucristo, son los dos elementos esenciales para el encuentro personal con Jesucristo que renueva siempre a todo hombre.

Dice San Pablo en Rm 10,14-15. 17:
“Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quienes predicarán, si no se los envía?... La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo.”

Concluimos que entre los tres elementos: el anuncio kerygmático, la fe y las obras, la prioridad absoluta la tiene el anuncio kerygmático por ser la declaración de Amor de Dios, y también tiene como consecuencia, el encuentro personal con Jesucristo.

Entonces, ¿Qué es el kerygma? y ¿cuál es su contenido, sus características? ¿cómo hay que transmitirlo?

Kerygma es proviene del verbo griego kerysso (proclamar) y que significa el contenido de la proclamación. En los evangelios se refiere a la Buena Noticia de nuestra salvación. Sobre este kerygma San Pablo transmite en 1 Cor 15,1-5 su núcleo:
“hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié, de lo contrario, habrán creído en vano. Les he transmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce.”

Desarrollando un poco más, el contenido de esta Buena Noticia se refiere a la Persona viva de Jesús, como la expresión del amor de Dios Padre para con nosotros y sus obras para nuestra salvación. Es decir, Dios amó tanto a los hombres que envió a su único Hijo al mundo, quien también amó a los hombres hasta el extremo, y murió en nuestro lugar como precio de nuestra redención expiando nuestros pecados. Sin embargo, Dios Padre lo resucitó, el resucitado se apareció a los suyos, y después de la ascensión Dios Padre lo hizo sentar a su derecha. Desde entonces, nos hizo también participar en la resurrección de su Hijo derramando su Espíritu Santo.
Ahora, si nosotros creemos en su Amor, y lo confesamos con nuestra boca, seremos salvados (cf Rm 10,9-10). También, por la fuerza del Espíritu Santo podemos confesar a Jesucristo como “Señor” y a Dios “Abba”, Padre (cf Rm 8,15-16). Y comienza una nueva vida de hijos de Dios en nosotros aprendiendo de Cristo, nuestro Señor, Maestro, Hermano mayor, y así, proclamando el Evangelio, dando testimonio de Él con nuestras obras. Esta es nuestra conversión.

Ahora veamos las características de la proclamación del Kerygma.
La proclamación es el anuncio de la Buena y alegre Noticia “desde la azotea” (Lc 12,3) como lo hizo Jesús: “El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó:…” (Jn 7,37). Así, también comienza el Evangelio de Marcos con la proclamación de Jesús.
Por lo tanto su modo de comunicación es muy diferente de un simple diálogo, debate, catequesis, conferencia de la Biblia o de teología.
Por eso en cuanto se refiere al modo es la proclamación en forma personal a cada oyente, y al contenido es el Amor de Dios y de Jesucristo. Expresado de parte de Jesús de manera casera sería: “entregué mi vida por amor a ti, después del triunfo sobre la muerte, sigo amándote por siempre jamás”. Es la declaración de un amor incondicional hacia cada uno, de esta manera para todos. Esta experiencia es accesible por todos por ser algo fundamental y muy simple en nuestra vida cotidiana, tanto para recibirla como para transmitirla.

Ahora, para el oyente de la proclamación del Evangelio puede haber dos posibilidades de reacción. La primera es aceptar este amor incondicional, que es Jesucristo. La segunda es rechazarlo de modo directo o indirecto. Como mencionamos recién, aquí no se trata de un contenido intelectual difícil, sin embargo, no siempre es fácil aceptar a la Persona de Jesucristo con ese amor incondicional. Porque, por un lado, no es fácilmente creíble para alguien que vive en un mundo donde se ve cada vez menos un amor tan incondicional y perenne; por otro lado, otra causa importante sería la autosuficiencia, proveniente del pecado original.
Por esta razón, para la aceptación de Jesucristo como Evangelio en la vida es casi indispensable la preparación del corazón de los oyentes mediante la Palabra de Dios. De hecho, el mismo Jesús preparaba los corazones de los dialogantes pedagógicamente antes de la revelación de su Persona[4].

Necesitamos mencionar algo acerca de quien proclama el Evangelio:
A partir de la ascensión de Jesús, la Iglesia transmite el Evangelio por medio de Evangelio escrito por los apóstoles y evangelistas. En realidad, esta transmisión se efectiviza como tal cuando el evangelio escrito es proclamado por medio de los anunciadores. Por esta razón, ellos deben ser los profetas, es decir, sus fieles voceros que prestan a Dios, el cuerpo, el alma, el corazón, la boca y creer de verdad la Palabra de Hb 4,12:

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones de corazón.”

A decir verdad, Dios puede realizar su obra por medio de cualquier tipo de anunciadores (cf Flp 1,10-18), sin embargo, prefiere un anunciador que haya experimentado su amor y que esté revestido por la fuerza del Espíritu Santo. Porque de esta manera, se transmite mejor el Evangelio y ayuda a sus oyentes con su propia experiencia, los anima con su ejemplo.

Ahora veamos los temas que concretan el contenido del kerygma.

Los temas del primer bloque y del segundo bloque giran en torno a la renovación de la gracia del bautismo y de la confirmación respectivamente. Los temas de cada bloque se dividen a su vez, por su modo de presentación, primero los de anuncio, luego, los de invitación para la aceptación del mismo. Este orden se explica porque se necesita primero el anuncio o la proclamación de la Buena Noticia para que se suscite la fe en Jesucristo por la cual nos adherimos personalmente a nuestro Salvador. El tercer bloque se refiere a los medios de crecimiento espiritual como discípulos misioneros y nueva creatura, y a la exhortación para permanecer y perseverar en Jesucristo. Está orientado a la renovación de la gracia de la eucaristía.

Por el esquema siguiente podemos comprender toda la estructura con más claridad.

ESQUEMA GENERAL DE LA EVANGELIZACIÓN FUNDAMENTAL.
PARA VERLO CON CLARIDAD CLICKEAR SOBRE ÉL.
LUEGO, PARA VOLVER,CLICKEAR EN LA FLECHA MARCADA "ATRAS"(ESQUINA SUPERIOR IZQUIERDA)
COMO OPCION ESTE ESQUEMA TAMBIÉN SE ENCUENTRA AL PIE DEL BLOG



Para el desarrollo de cada tema hay que tomar en cuenta lo siguiente:
-Verdad central anunciada, sencilla y directa.
-Textos bíblicos proclamados con unción del Espíritu Santo (aquí no se trata de leer en voz alta la Palabra de Dios sino de su proclamación prestándole a Dios el corazón y la voz para que Él hable)
-Explicación simple de la verdad central, de forma testimonial.
-Imágenes, comparaciones, ejemplos.
-respuesta y vivencia esperada: explicada y preparada.

Este tipo de proclamación del Kerygma, gracias a Dios, pueden hacerlo muchos laicos sin la necesidad una preparación teológica especial. Lo más importante es transmitir a los demás el mensaje del Amor de Dios con la llama del fuego del Espíritu Santo, para lo cual el anunciador debería estar encendido del mismo.
Con respecto a la relación de la promoción humana y el anuncio kerygmático, podemos decir lo mismo. Es decir, este anuncio es condición indispensable y fundamental para una promoción auténticamente humana. Porque si es verdad que no hay auténtica promoción humana sin la verdadera relación filial con Dios, es entonces, prioritario y fundamental el anuncio kerygmático que da a paso al encuentro con Dios Padre. Porque aunque uno se beneficie de toda la cultura tecnológica y material, no tiene garantía de llegar a la plenitud de su vocación y felicidad si no es con Dios en el centro de su vida. Por eso el anuncio kerygmático como elemento necesario para el encuentro con Él es prioridad absoluta para todos, los ricos, los pobres, enfermos y sanos sin dejar de lado todas otras promociones humanas necesarias. Al contrario, cuando uno toma conciencia y experimenta su verdadera dignidad de hijo de Dios, por sí solo comienza la búsqueda de su vida digna de acuerdo con su identidad. Y el anunciador del Evangelio lo acompañará brindándole la ayuda posible para ello.

Estoy trabajando desde hace 8 años sobre el tema del anuncio kerygmático como base para construir las pequeñas comunidades formando la Parroquia como comunidad de las comunidades. Observando atentamente la vida de las comunidades de la primera época de la Iglesia descrita en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles, puedo decir que es posible reproducirla con bastante semejanza en estas pequeñas comunidades y en la gran comunidad parroquial aún hoy en día, en esta sociedad compleja. A manera de testimonio, muchas pequeñas comunidades que surgieron hace 8 años siguen reuniéndose 2 horas semanalmente en la actualidad. Inclusive, en la época de las vacaciones, los que quedan continúan con sus encuentros semanales. Es decir, ellos mismos experimentan la necesidad de reunirse unos con otros como hermanos de una familia en la fe. Se exhortan mutuamente y tratan de perseverar en ella compartiendo al Señor, como así también lo que son y lo que tienen en las buenas y en las pruebas. Es verdad, no siempre es fácil lograr que todos los miembros tengan algunas familias a su cargo como ángel de la guarda visitándolas mensualmente como modo de misión permanente. De todas formas, se muestran fervientes en este tema también. Porque en la medida en que han recibido a Jesucristo vivo en su vida y lo viven, también lo transmiten. Soy testigo del crecimiento de cada uno de los miembros que perseveran en ella y ellos mismos y sus familiares y amigos dan el mismo testimonio.

La finalidad de este escrito es ofrecer al lector una punta de ovillo para poner en práctica todo el documento de “Aparecida” que describe el anuncio kerygmático como iniciación e hilo conductor de la vida auténticamente cristiana. Para un mayor detalle, les ofrezco leer un pequeño libro: El anuncio kerygmático: la laguna más grande en la Evangelización de la Iglesia Católica, del P Navarro Alfonso, Librería Parroquial de Clavería, México.

Sobre el proceso de cómo continuar después del encuentro personal vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante con Jesucristo, el documento de “Aparecida” presenta la vida en pequeñas comunidades (6.4.3: nn. 307-310 también n. 278.d), la catequesis (n.278.c), la vida misionera (n. 278 e). A cerca de ello se puede obtener más informaciones detallada, y materiales en www.sinecentral.org, así como distintos cursos de capacitación y experiencias pastorales.

Por último, oro al Padre y a la Virgen por todos los discípulos misioneros que transmiten con alegría a Jesucristo a nuestros hermanos para la Nueva Evangelización y agrego un ejemplar del tríptico de Kerygma publicado por las “Parroquias Evangelizadoras” de Buenos Aires que será muy útil a la hora del anuncio de esta Buena Noticia: “Jesús me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20) y lo llevo vivo en mí.
[1] Jn 17,21
[2] Jn 20, 24
[3] Lc 5,15 y Lc 6,18
[4] El diálogo con la samaritana (Jn cap. 4) y la curación de un ciego de nacimiento (Jn cap. 9)

23 abril, 2013

Retiro de crecimiento 2013

RETIRO DE CRECIMIENTO del 03-08-2013
MARÍA MADRE DE LA IGLESIA


Como apoyo tendremos en el libro de la Revelación (Apocalipsis) 2, la visión de Juan acerca de la Iglesia de Éfeso.
Esta comunidad había sido fundada por él y visitada por Pablo:

“El que tiene en su mano derecha las siete estrellas y camina en medio de los siete candelabros de oro (este es Jesús), afirma: Conozco tus obras, tus trabajos y tu constancia. Sé que no puedes tolerar a los perversos: has puesto a prueba a quienes usurpaban el título de apóstoles, y comprobaste que son mentirosos. Sé que tienes constancia y que has sufrido mucho por mi Nombre sin desfallecer (la comunidad tiene obras y cierta rectitud doctrinal y sufrió mucho por el nombre de Jesús). Pero debo reprocharte que hayas dejado enfriar el amor que tenías al comienzo. Fíjate bien desde dónde has caído, conviértete y observa tu conducta anterior. (Somos una parroquia que ha crecido en el amor por Jesús Eucarístico. Debemos revisar el amor que le damos a Jesús todos juntos). Si no te arrepientes, vendré hacia ti y sacaré tu candelabro de su lugar preeminente. (Si no empezamos de nuevo a amar a Jesús) ... El que pueda entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor, le daré de comer del árbol de la vida, que se encuentra en el Paraíso de Dios. (el árbol de la vida es la Eucaristía).

Debemos ser una comunidad que decide renovarse en el amor que juntos le tenemos a Jesús. Tiene que desaparecer la palabra YO y comenzar a aparecer la palabra NOSOTROS, para rodear de amor a Jesús, renovar la experiencia de poder amarlo.

La Iglesia tiene un problema de todos los tiempos. Jesús entre los suyos no pudo hacer muchos milagros. El amor cuando no crece, decrece. El amor es por definición apasionante y creciente.

Corremos el riesgo en la Iglesia de ser “turismáticos”, que se “calientan”, pero no queman. Entre nosotros tenemos que ayudarnos a amarlo a Él con mayor ternura, con mayor pasión. En nuestras pequeñas comunidades tenemos una gran experiencia comunitaria. Experiencias comunitarias de amor, fuego de amor, de misión, de trabajo. Las cosas del Espíritu no funcionan “a las patadas”, por imposición, sino por atracción.

  ¿Cómo sé yo que estoy amando bien a Jesús? Hay una corriente de fuerza, de ternura, de amor que se vuelve misionera. Lo comunicamos juntos. Para esto hay que hacer una suave violencia a nuestra voluntad.

El amor es como encender un fuego: nuestra oración personal es como el papelito que enciende el fuego. Los palitos son la pequeña comunidad, pero faltan los quebrachos, todos nosotros. No podemos encender el fuego en soledad. Es el riesgo del cristianismo. Los discípulos volvieron de la misión encendidos. Novedad que produce lazos más profundos y más verdaderos.

Hch 2, 42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todos. No siempre estamos todos.
 Tenemos que preguntarnos: ¿por qué no estamos todos? Uno siempre puede aspirar a un poquito más. El amor es creativo e inventa formas novedosas de amarse. San Maximiliano Kolbe decía: Sólo el amor crea. Un santo temor se apoderó de todos ellos. Íntimamente unidos frecuentaban a diario el templo. Y la gente que llevaba veía el amor que se tenían entre ellos. Nos queremos superficialmente. Hay amistades, pero no la de todos. Con sólo una persona con la que uno esté enojado, el sistema del amor se pierde, se pierde el “íntimamente”. Es importante que todos tengamos la lista de todos los que pertenecemos a las Pequeñas Comunidades y que la revisemos con gran realismo. Hay hermanos que no conocemos.

Tarea: promover la visita entre las comunidades.
Uno ama íntimamente al hermano cuando tiene santo temor de Dios.
 ¿Quién soy yo para enojarme con mi hermano? ¿para juzgarlo? Pongo el freno pensando en Cristo. Para poder amar bien a Dios tengo que amar a mi hermano y para poder amar al hermano tengo que amar bien a Dios.

Hay que distinguir entre amor sensual: donde el objeto del amor está en mí mismo y el amor espiritual u oblativo. Utilizo mi cabeza para amar a esta persona. A Dios le interesa lo que ocurre en tu corazón.

El órgano para amar es el corazón. ¿Qué necesita un corazón? Vida (sangre), amor, otros.

¿Hoy mi corazón qué necesita? Hagamos un electro de nuestro corazón, en la experiencia que nos es dada: vida, amor, otros, paz, alegría, finalidad (sentido), comunicación, armonía. A todo ser humano Dios le ha hecho el corazón así. Todo ser humano busca esto. Jesús quería tanto a las prostitutas porque se notaba que necesitaban algo. ¿Qué necesita hoy mi corazón?

También en nuestro corazón está la experiencia adquirida: pecado (celos, envidia, odio, rencor, egoísmo, enojo), carencias, heridas, idolatrías. Dios no nos fabricó así. Esto no pertenece a la esencia de nuestro corazón. El pecado nos aleja de nuestro Padre. Empezamos a tener carencias. Cuando no nos bancamos las heridas, armamos nuestros propios ídolos para satisfacer nuestras carencias. Nuestra vida está signada por heridas. La terapia sirve para “ponerle nombre a los perros”. (Esto es importante porque en el campo, cuando sabemos su nombre no nos atacan)

Promesa de Jesús: Jn 14,23 El que me ama será fiel a mi palabra y mi Padre lo amará y habitaremos en él. Si Jesús dice que va a habitar en nuestro corazón, la buena noticia es que Dios habita en lo íntimo de lo íntimo del corazón del hombre. El Corazón del corazón, dimensión de nuestro ser muy profunda, muy íntima, creada cuando Dios nos ha pensado: Algo de tu vida me pertenece a Mí. Conciencia de ser en Dios en lo más profundo de nuestro ser. Hasta que no lleguemos a tener experiencia de que Alguien vive en nosotros, no tenemos la conciencia de ser en Dios. En toda creatura Dios ha dejado su vestigio, es un anhelo natural de su casa.

Todos tenemos conciencia de ser nosotros mismos, pero hay algo mucho más profundo. Mientras uno no entra allí, sigue viviendo en la periferia. Se entra de la mano del Dueño, de la Santísima Trinidad.

  1- Inconsciencia. Estoy fuera de mi corazón. Nunca me lo pregunto. El 90% de la gente vive en la total inconsciencia. Actuamos en forma inconsciente. Debo detenerme. Nuestra vida y nuestro corazón son un libro abierto.

2- Con cierta conciencia. Tomar conciencia de lo que necesita mi corazón, de cuál es mi pecado fundamental. Tener conciencia de mis carencias, de mis heridas, de mis idolatrías (fijaciones mentales). Una buena forma de descubrirlas: cuándo estoy aburrido, ¿en qué pienso? Una buena fórmula: orar o trabajar. Cuando estás al cohete, te agarra pronto el enemigo. Tenemos una capacidad natural para saber lo que está bien y lo que está mal. Sólo hay una tristeza y es la de no ser santo, de no haber cumplido aquello para lo que Dios me puso en esta vida. Ayudémonos a vivir una vida plena.

3- Tomo conciencia de que soy en Dios. Es el gran lugar de mi propia identidad. Implica nacer de nuevo. Hay un Hoy profundo, pleno, novedoso: la Santísima Trinidad en tu vida.
Cuando san Francisco de Asís lo descubrió se produjeron grandes cambios en su vida. Él anhelaba ser caballero y se enamoró de Dios. Había conocido a Aquel por el cual quería dar la vida. Tomar conciencia de que Él está allí desde el día de mi bautismo. Y uno anda como un mendigo buscando cariño. ¡Despertarme! Es conciencia y no emoción. Hasta que no conozcas este lugar, sos un cristiano turístico. Cuando uno entra, descubre algo de eso: Soy en Dios. Si no soy en Dios, no soy. Cuando no soy en Dios soy la carencia, el ídolo, lo que yo pienso de mí. Niego el mundo, en torno al cual me armo todo un sistema de vida.

En la comunidad Dios nos corre un poquito el velo. El problema de nuestra comunidad es que vivamos de la experiencia de otro. La experiencia de Dios es personal. Cuando tenemos esa experiencia personal nos volvemos realistas porque vemos a Dios en todos, hasta en nuestros enemigos. Dejo de ver con mis propios ojos para ver con los ojos de Dios.

Tengo una visión muy positiva de mi propia vida, empantanado en mi propio yo. Cuando me abro a ese lugar santo, Dios me libera de mi vida y entro en la zona virginal que nadie ha tocado. Es una conciencia de que la muerte no destruye eso, una experiencia íntima de Sus padecimientos y de Su resurrección.

La experiencia de la Samaritana, de Zaqueo, de Marta y María.

  Por donde entramos no importa (si es por la izquierda o la derecha), lo importante es que entremos. Cuando no vamos al fondo, somos gente superficial. Tres medios que se nos dan para poder entrar:
                     • La Palabra, que es el método para entrar
                     • La Eucaristía, trato con el Cuerpo de Cristo
                     • Amor natural sobrenatural. No sólo un amor natural sino también sobrenatural.

Aprendemos a querernos a nosotros mismos cuando nos quieren. Con un mero esfuerzo humano psicológico no podemos entrar en el Corazón. El Dueño de ese espacio es Él, no es mío.

Yo fui a vivir al Centro con Él. Entré y todo el resto lo consagro a Él. Hasta que no hayamos tenido la experiencia de entrar en el Corazón, estamos de turistas y nos vinculamos como turistas, transmitimos a Dios como turistas.

Que hoy anhele mi Corazón.

En este proceso es fundamental la promesa que nos hizo Jesús:

Jn 14, 23 “Quien me ama será fiel a mi Palabra. (Sistema de fidelidad a la Palabra. Sintonizar con la Palabra. Tratar de captar fina y delicadamente qué es lo que me está diciendo el Señor) y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.

Ap. 3, 15-22 Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca. (Cristiano de apariencia, pero que no está transformado interiormente). Tú andas diciendo: soy rico, estoy lleno de bienes y no me falta nada. Y no sabes que eres desdichado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo: cómprame oro purificado en el fuego para enriquecerte, vestidos blancos para revestirte y cubrir tu vergonzosa desnudez, y un colirio para ungir tus ojos y recobrar la vista. Yo corrijo y reprendo a los que amo. ¡Reanima tu fervor y arrepiéntete! (Dejarme corregir y reprender). Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos. Al vencedor lo haré sentar conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono”. El cambio en nuestra vida lo hace Él en persona o no lo hace nadie. Ni yo me puedo cambiar a mí mismo.

Leyendo la Palabra tengo que llegar a escuchar una voz interior que me llama y me hace entrar.

1. Buscar el texto. Posar el Libro

2. Alabar al Padre e invocar al Espíritu Santo en voz alta para que me permita acoger la Palabra.

3. Leer en voz alta y luego nuevamente en silencio. Si hay una Palabra que toca mi corazón, repetirla.

4. Permanecer en silencio, esperando la imagen, palabra o inspiración que me muestre algo.

5. Lo que recibo, lo vuelco en un cuaderno.

6. Si el Señor me ha mostrado algo, pedir la gracia de lo que me ha mostrado. Señor dame la gracia de...

El Padre se dice: éste me quiere escuchar, es fiel a mi Palabra.

  Es el anhelo del corazón de que Dios me hable a través de su Hijo. Mi Padre lo amará y habitaremos en él. Es Dios mismo que me lleva a través de su Palabra y de su Espíritu a pregustar lo que viviremos en el Cielo.
El Espíritu hace que yo sienta calor aquí. “como ardía nuestro corazón” (Como los discípulos de Emaús) porque hay alguien que está enamorado de mí y me está amando.
Un día por semana hacer esa profundización de la Palabra. Experiencia de dedicación, lectura amorosa, interior por la cual me lleno de la Palabra de Dios. Además de aceptarla la transformamos en una experiencia gozosa, un baño espiritual donde lo que importa es la calidad no tanto la cantidad, estar apasionado por conocer su Voluntad.

Cómo diferenciar quien nos habla:
• Si es el Mentiroso sentiremos angustia, inquietud – nos puede tentar con excesos.
• En el diálogo con Dios puede haber perturbaciones. Si es el Amor, producirá alegría.
• Todo lo de Dios es discreto, íntimo, sencillo, con mucho orden.

Pero puede meterse el Enemigo o me puedo meter yo. Podemos alejarlo diciendo: Basta, en el nombre de Jesús. El no puede leer nuestros pensamientos, pero puede mover cosas afuera. Por eso es muy importante no quejarse, no discutir. No tiene sentido discutir si uno está enojado. El diálogo une y el diábolos separa.

Si una inspiración es mía y no es de Dios, enseguida se va.

Las inspiraciones divinas producen alegría, paz, amor, deseo de sufrir por Él.
Preguntarle: Señor, ¿qué me querés decir con esto que me mostraste? ¿por qué me trajiste este recuerdo? ¿qué querés?. El miedo es el contrario del amor y la confianza.
Cuando hablamos con el Señor podemos hablar cara a cara, de lo que nos pasa. Entro por la Palabra y por el Espíritu.

Jn 4 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”... Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva”.

“Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”. Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”.

 La mujer respondió: “No tengo marido”. Jesús continuó: “¡Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre... La hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías llamado Cristo debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla contigo”. En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó “¿Qué quieres de ella? o ¿Por qué hablas con ella?”

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías? Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

“Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra... Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en el por la palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismo lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.


Problemas de la Samaritana

1. Los prejuicios. Problema grave de la vida espiritual. Provienen de las carencias. Muchas de nuestras heridas provienen de carencias de desconfianza, miedos. ¿Y si Dios me pide algo? Tengo miedo de lo que puedo perder. ¿Qué prejuicios por carencias o por heridas tengo en mi relación con Dios?

Jesús fatigado y cansado del camino se sentó junto al pozo. Es muy profundo el Corazón del corazón. No se entra allí de cualquier manera. Jesús le dice: Dame de beber. Quiero beber de tu pozo. Le quiebra el prejuicio. Se lo quiebra con el conocimiento, con el estudio. Si me conocieras no tendrías miedo. Si supieras quién soy, me pedirías. Pensamos que Dios tiene poco para darnos. No entramos en lo profundo. El pozo está acá, en nuestro corazón. Acá está el agua viva. El agua viene de adentro. Nos vamos del pozo y buscamos el agua afuera para llenar el pozo, cuando hay que buscar adentro.

Del conocimiento viene el pedido y del pedido el don. Por eso es muy importante que en el horario espiritual dediquemos tiempo al estudio de las cosas de Dios, calidad.

2. Segundo problema: 5 maridos. Vida emocional problemática. Vida dominada por las heridas. Pocas personas están capacitadas para vivir en sociedad y vivir bien. No hay conocimiento de la vida emocional. El Señor desde el interior nos sana interiormente, nos hace entrar en un proceso de sanación profunda. Necesitamos que el Señor nos sane. La comunidad tiene la obligación de ayudarme a crecer emocionalmente. Tiene que ayudarme a entrar en el Corazón del corazón, a crecer como persona en las dimensiones que me toca crecer. No tengo que convertir mi raye en una excusa para no ser feliz. Tengo que ser un factor de sanidad en mi casa. Tener un vínculo sano, fomentarlo, agradecerlo, potenciarlo. Arreglar mi vínculo con Dios. Preguntarle: Señor, ¿qué tiene que cambiar en mí para llevarme bien con los demás? Yo hago el esfuerzo por cambiar y Jesús me va a dar la gracia de cambiar. Dedicate a Dios que transforma tu vida y todo va a estar bien. La transformación se produce desde dentro para afuera. Debo tomar conciencia de lo mucho que valgo para Dios, re comprensión de la vida desde Jesús. El Señor viene a cambiar nuestra vida. Los cinco maridos son también los ídolos. Puede ser que tenga idolatrías en mi vida. Puede haber ídolos que están ocupando el lugar del trono.

3. Tercer problema: mi religiosidad. ¿En qué está apoyada mi religiosidad? ¿A qué está agarrada mi vida? Mi Padre busca alguien que se relacione en espíritu y en verdad, como es adorado el Padre por la Palabra, de la mano del Espíritu. Si uno adora con la Madre, María juega de nuestro lado. Ella es Maestra de oración. María es un lugar privilegiado. La vida espiritual es apertura, gracia, regalo. Invocar de verdad al Espíritu.

4. Soy Yo, el que habla contigo. Autoridad que me deja sin palabras. No hay verdadera oración del Corazón del corazón de los chusmas, de los que están preocupados de lo que le pasa al vecino. Los discípulos se quedaron todos callados. La mujer dejó su cántaro, corrió a la ciudad y dijo: Vengan a ver a un hombre. Signo de que su oración fue verdadera: fue a comunicar, con alegría lo que ha experimentado.

5. Alimento de Jesús: hacer la voluntad del Padre. Cuando comemos la Eucaristía, la como mal si no le pregunto ¿qué quieres que haga en la semana? Mi alimento, cuando como a Jesús, es preguntarle al Padre cómo quiere ser adorado en Espíritu y en Verdad. La Eucaristía debe marcar mi estilo vital de toda la semana. Me abro profundamente para escuchar cómo debo hacer la voluntad del Padre.

6. Levanten los ojos y miren los campos. La voluntad del Padre es que todo el mundo se salve. La sed de Jesús es salvar las almas. El resultado de vivir del Corazón del corazón no es el vacío sino que brota de una experiencia interior. Se quedó dos días. Sabemos que es el Salvador del mundo: anuncio testimonial.

Cuando la adoración es en Espíritu y en verdad, explota. La mujer agarrada a su cántaro entra al pozo, a lo profundo de su corazón. Se produce el Encuentro. Deja su cántaro y corre a anunciarlo.

22 abril, 2013

Retiro de crecimiento 2013

RETIRO DE CRECIMIENTO del 22-06-2013
MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

PARROCO: LOSADA, ADOLFO LUCIANO
 

La identidad más profunda de nuestra parroquia es EVANGELIZADORA.

Por eso, todo lo que hacemos: amar, hablar, pensar, vivir, debe hacer que cuantos se nos acerquen se digan: “Esta persona tiene algo de Jesús”. Debemos llevarlos a un contacto vivo con Jesús; y para eso, debemos llevar una vida distinta a la que llevan los demás. Todos los cristianos deberían al menos producir otro cristiano. ¿Alguna vez en mi vida he acercado a alguien a la fe?

 

Este retiro se va a desarrollar apoyándose en dos cartas de Pablo: Romanos, 12 y Colosenses, 3, y en 3 grandes maestros de espiritualidad: San Agustín; Santo Tomás de Aquino y San Francisco de Sales.

 

Dios, que podía hacer las cosas sin nosotros, ha decidido hacerlas con nosotros. Esto implica un riesgo, porque nos deja libres. En la Biblia hay una palabra que expresa la acción amorosa de Dios hacia nosotros: “Berit” que significa pacto, alianza.

 

Dios hace una alianza con nosotros que somos preciosos a sus ojos. De nuestra parte tenemos que entregarle lo que somos, sin menospreciarnos. Como somos frágiles, tenemos que entregarle al Señor nuestra fragilidad. Somos algo precioso a los ojos del Señor. Algo que estaba perdido y El vino a salvar, a encontrar. Dios se alegra de encontrarnos. Somos la gente más valiosa de la Tierra. No hay entre nosotros inútiles. En el Reino de Dios no hay inútiles, hay siervos. Siervos de un Rey; somos príncipes. Dios ve una reina en cada mujer. Mi persona es valiosa. Fui pagado a un alto precio: la sangre de Jesucristo. Cuando uno encuentra una joya en el barro la recoge, la saca del barro. Estábamos en el barro del mundo y Dios nos sacó del barro para después limpiarnos, a fin de que transformemos nuestra vida. Dios quiere hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

 

Cuando el cristiano no transforma su vida humana sigue siendo un odre viejo. El vino nuevo de la unción rompe el odre y la unción se pierde. San Agustín dice: Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti. El Señor podría haber llevado sólo su Cruz, pero quiso compartir con nosotros ese honor. Se produce una alianza: las cargas las lleva Jesús, pero yo colaboro con mi pequeña parte, con mi vida. Asumo mi vida tal cual es.

 

Rom 12, 1-2 Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: éste es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

La moral cristiana es una moral de Alianza, de pacto. En las alianzas lo importante son los contrayentes. Si hay problemas en mi comunidad, no la abandono sino que permanezco y lucho. La fidelidad es importante: el que permanezca hasta el fin se salvará

 

San Pablo nos llama hermanos y nos exhorta. Exhortar es motivar a ordenar la vida, traer nuevamente al orden, y eso en la misericordia de Dios. Hay una relación entre mi desorden y la misericordia de Dios. Él es quien obra en mí. Yo soy un aliado, un colaborador de la obra que Él está haciendo en mí.

 

Pablo exhorta a: A ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios. Hostia significa víctima. Las víctimas del Antiguo Testamento eran animales sin defecto que se mataban y eran consumidos por el fuego. Víctima es alguien que participa de la muerte de Jesús y es consumido por el Espíritu. Es entregarme de tal manera a la muerte de Cristo y al Espíritu Santo que me consuma y que no quede nada de mí.

 

¿Quién está dispuesto a dejarse consumir por el Señor, a ser vivificado por el Espíritu?

 

Víctima viva. Es alguien vivificado por el Espíritu Santo. Hay personas que parecen muertas porque todo en ellas es queja, protesta. Para revivir hay que moverse y vivir en la presencia del Espíritu Santo, invocándolo con o sin ganas. Santo significa separado para Dios, distinto, que no toma como modelo a este mundo, que quiere ser agradable a Dios. Lo que le desagrada a Dios no es mi persona, sino cosas específicas de mi vida.

 

Deberíamos preguntarnos ¿Esto le agrada a Dios? ¿Cuáles son las cosas concretas de mi vida que le desagradan a Dios? ¿Le ofrezco lo que hago, mi vida, me ocupo de estar vivo, en ser santo y agradable a Dios?

 

Nadie se “auto exhorta”. Para ello necesito a los hermanos, a la comunidad, al discipulado. Día a día los hermanos me ayudan en ese camino.

 

Transfórmense interiormente renovando su mentalidad. La transformación comienza en el pensamiento. ¿En que pienso todo el día? Tal vez en buena parte en cosas de la Iglesia. Pero, ¿Pienso en El, y en lo que significo para El? Debemos cambiar nuestra mente. ¿En qué piensa nuestra mente? Lo que tenemos en el corazón es lo que nos sale fuera.

 

Hay que renovar la mente para discernir lo que le agrada. Trataré de ofrecerle algo bueno, para agradar a mi Padre, no por mí; no para ser perfecto, sino porque trato de ser perfecto por Él.

 

Pensemos en los impedimentos:

¿Qué es lo que me impide ser una persona viva? (Buscar mi idea fija)

¿Qué es lo que me mantiene no santo, en relación con el mundo; qué me quita vitalidad, me quita la energía de vivir?

¿En qué no soy agradable a Dios?

 

Con respecto al cambio hay que confiar en la obra de Dios en nosotros por la fe, no en nuestras obras humanas. Si hay dificultad para cambiar algo tengamos en cuenta que “un sacrificio agradable es un corazón contrito y humillado”. Le entrego mi impotencia en esa área y confío en su ayuda para ir transformándome. Confío en su misericordia.

 

Las cosas buenas del mundo sí, las otras no. No me sirven los apegos que me desordenan, porque no van con el concepto de víctima agradable a Dios. El chusmerío es un modo de poder.

 

Ahora en positivo:

¿Qué cosas de la vida espiritual me hacen bien? Son los reaseguros de vida, lo que me vitaliza, lo que custodia mi vida.

¿Qué cosas me protegen del mundo? El mundo nos quita la sensibilidad espiritual. Lo que incorporamos de afuera para adentro se mete adentro. El mundo es lo que me saca de Dios. Queremos darle a Jesús lo mejor. Porque Él me lo ha dado todo, yo quiero darle todo. Debemos ir modificando de a poquito las cosas.

¿Qué es lo que le agrada a Dios? Te ofrezco mi pecado y lo hermoso que hay en mi corazón. Todo lo que le damos no se pierde. Todo lo que me has dado, todo te lo entrego Señor.

 

Puedo agradar a Dios ofreciéndole pequeñas cosas que me molestan, por ejemplo acomodar la cama ni bien me levanto: “estas cosas las hago por vos Señor”. Pequeños (o grandes) aguantes de maltrato verbal, sin reaccionar.

 

Rom 12,3-5 En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de ustedes: no se estimen más de lo que conviene; pero tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno. Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros.

 

Hay que estimar a los demás como más dignos, pero no hay que menospreciarse: “tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió en cada uno.” Me estimo con la razón. Si me estimo con el corazón, me voy a sobre estimar. Quien no se valora comete un pecado grave contra Dios. No es aceptable que un cristiano se maltrate a sí mismo.

¿En qué soy valioso para Dios? ¿Qué cosa valiosa de Jesús o de María hay en mí? Buscar 3 cosas.

¿Qué aptitudes/capacidades Dios ha puesto en mí? Si no conozco mis aptitudes, voy a complicar la vida del cuerpo, mirando lo que tienen los demás.

¿Qué virtud, qué carisma Dios ha puesto en mí? Con respecto a los carismas, nadie puede ejercerlos a voluntad. Siempre son puestos al servicio de la totalidad y son confirmados por la cabeza. Tiene que ser un llamado y ser reconocido por la cabeza (obispo/párroco) y el cuerpo de la Iglesia.

 

Los enfermos y los ancianos se ubican entre los miembros más sufridos del cuerpo del Señor. Son los más importantes porque están ubicados en las llagas del Señor, de donde surgen las gracias.

Todos tenemos que estar ubicados en el corazón del Señor. No hay que desmayar si nos topamos con impedimentos naturales. Sor Faustina era melancólica. San Francisco de Sales era colérico.

 

Repitamos: Yo, por la gracia soy único, irrepetible, creado por amor, con una identidad única que sólo el Creador conoce y que ni siquiera yo puedo cambiar. Soy el que soy por la gracia de Dios.

 

IDEAL PERSONAL DE SANTIDAD

 

Todos tenemos que brillar, cada uno con su luz y su propia belleza, con su imagen y su propio color, como un píxel. Cuantos más píxeles, más definida es la imagen de Jesús. El Cristo total: Cabeza y Cuerpo.

 

Buscar una imagen bíblica que traduzca quien soy yo para Jesús = mi ideal personal de santidad. La confirmación de Dios de lo que ya soy y que tengo que mejorar. Puede ser muy difícil, pero si no se da importancia a esto, somos turistas religiosos. Ayudan a encontrar el ideal de santidad imágenes simples: roca, casa, bosque. Para eso debemos conocer la Palabra. Las palabras se presentan a menudo espontáneamente al leer la Biblia

El ideal personal de santidad no viene de afuera. Es lo que soy, el que soy por la Gracia de Dios. Debemos pedirle al Espíritu Santo y a la Virgen que nos lo muestren.

 

¿Qué nos impide ver nuestro ideal personal de santidad?: Nuestros pecados capitales.

 

Nos armamos un ídolo de nosotros mismos. Estamos deformados por el proceso educativo. El que podamos ver nuestro ideal personal de santidad va de la mano con la sanación de nuestras heridas. Dios sabe quién somos.

Los pecados capitales son: la gula o concupiscencia del paladar, la fornicación (lujuria), la avaricia o amor al dinero, la ira, la tristeza, la acedia (aburrimiento de todo hasta de Dios, inapetencia o tedio del corazón), la vanagloria, la envidia, la soberbia, la pereza.

Son pecados anti filiales, es decir contra el Padre. Me tengo que cuidar a mí mismo. Idolatría de mí mismo.

 

Col 3, 2-3 Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra, porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cristo es todo y está en todos.

 

Gula: Dios no me cuida. Si no me proveo de alimento no me lo va a dar nadie. /Avaricia: voy a acumular para estar resguardado/ Lujuria: me voy a dar mis placeres / Pereza: si hago mucho esfuerzo me voy a morir. No voy a gastar mi vida. Se cuida porque Dios no lo está cuidando ni proveyendo cariño. /iracundo: es una persona que se siente abandonada, que tiene que cuidarse a sí misma. /Triste: la vida me engañó. Dios conmigo se equivocó. Los casos graves de tristeza derivan en depresión. /Vanagloria: se recomienda a sí misma. Es auto-referencial. No estuvo la mirada de otros que lo hayan valorado. /Soberbia, orgullo pecado satánico: no acepta sus límites, que es criatura, que se puede equivocar; es lo contrario a la humildad. El rebelde se enoja, pero utiliza la soberbia como modo.

 

Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.¿Cómo se curan los pecados capitales? Dependiendo del Padre y de los hermanos. Tenemos que poner los ojos en el Cielo, donde está nuestra verdadera identidad. Todos los males vienen del vacío. El Espíritu Santo quiere penetrar nuestra mente y plenificarnos, ungirnos. Vengo a llenar la esponja para después volcarla en la vida. Nos pone en contacto con nuestra debilidad.

 

La verdadera identidad del cristiano está escondida en Cristo. Para encontrarla los monjes trabajan en el conocimiento bíblico y en el propio conocimiento. Frente a las tentaciones de los pecados capitales nos decimos: ¿Por qué estoy sintiendo esto? ¿Cuál es el motivo por el cual estoy enojado?

Si Dios me ama, si me valora, si me espera. ¿Por qué yo no?

 

Todos los males vienen de la falta de unción, cuando estamos sin consuelo espiritual. Se trata de estar espiritualmente bien en todos lados. Importa si no estamos bien en casa, porque no podemos estar permanentemente en la Iglesia. Debemos ir a casa con esa unción que tomamos en la Iglesia.

 

Col 3, 12 Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro.

Debemos transformar nuestra vida concreta de todos los días. ¿Cómo mantener encendida la llama del amor? Lo más propio del amor es la constancia.

 

Cosas que nos ayudan a mantener nuestra lámpara encendida:

 

Mi horario espiritual.

Examinarme diariamente en mi relación con:

- Dios: cosas mínimas que la garantizan: lectura de la Palabra, rosario, meditación, misa

- mi persona: cuidado personal, orden, gimnasia...

- con los demás: mi familia, la comunidad.

- el trabajo: cumplimiento, responsabilidad.

- Actitud fundamental que quiero cambiar, que me proteja de mi pecado capital dominante

- Pequeña oración o jaculatoria: Señor, dame la gracia de...

Chequearlo mensualmente con algún hermano.