18 octubre, 2009

Resiliencia en la pastoral de la salud

Jornadas de bioética y comunicación
Resilienca en la Pastoral de la Salud
Prof. Lic. Iris C. Moreira – Psicóloga y psicóloga social, formación de catequistas.

El término resiliencia es heredado del inglés y se utiliza para expresar la capacidad de un material de recuperar su forma original después de haber sido sometido a alta presión. Extrapolado hacia las ciencias sociales se aplica a la capacidad de las personas de poder convertirse en seres humanos reparados y reparadores después de haber pasado por experiencia traumáticas muy fuertes. Ser felices, aunque se conserven las marcas de los estragos vividos y que precisamente estas marcas las vuelvas más capaces, saliendo de la experiencia del dolor con una mayor capacidad humana, comprensión de sí mismo y del prójimo.

Esto es muy útil para los asistentes sociales, sociólogos, agentes de la salud, educadores, catequistas.

Desde la pastoral, la Iglesia lo aplica para el abordaje de amplios sectores de la sociedad que son considerados “casos perdidos”, para permitir a la persona ponerse nuevamente en pie, trabajando con estos nuevos conceptos, ser así tutores de resiliencia.
Ministros del alivio, catequistas, ministros de la comunión: comenzar a colaborar para reconstruir la autoestima y la capacidad de proyecto. Alegrarse, levantarse cada día pensando en lo que se va a construir.

No hay casos perdidos, casos irrecuperables, no es verdad. Todo es posible para Dios.

Es urgente una formación específica de los laicos para intervenir en la perspectiva de la transformación de la realidad.
JP II: Aunque imperfecto y provisional nada de los que se puede realizar para hacer más humana la vida de los hombres se habrá perdido ni habrá sido en vano. Es un canto a la esperanza. Tener un proyecto y esperanza  sanaré.

La resiliencia o el realismo de la esperanza. La esperanza es posible. Porque has sufrido más que nadie, tienes la obligación de comprenderte y comprender al que sufre. Hay condiciones que hay que activar para poner en acción la facultad de la resiliencia.
Que la persona salga de su postración, el Señor hace maravillas.
Ayudar a crecer en la fe para resignificar su historia de dolor con esperanza, crecer en su autoestima. Estimulando sus fortalezas y superando sus debilidades. Dios le ha regalado dones maravillosos, muchas veces escondidos detrás de las heridas, del dolor.
Actitud que nos genera la capacidad de descubrir valores insospechados, haciendo pie en esta creatividad.
La realidad es dura para todos. Dios nos revela verdades internas para superar tanto desamor, penurias y fracasos.
Nos tenemos que defender de esta alienación con la fe. Tenemos que hacer resurgir en el otro la capacidad de superación. Las personas que han sufrido se defienden muchas veces con hostilidad. Debemos aprender a ser tutores para ayudar a crecer. Ser factores de autoprotección y de protección de las personas que necesitan nuestro apoyo.
El Señor pasó haciendo el bien, consolando, cuidando, levantando al caído.
No poner en riesgo a los demás, ayudarlos a pensar críticamente sobre su medio ambiente, su persona y los demás conociendo sus límites, realizando una lectura crítica para alcanzar el cumplimiento de sus proyectos. Que la persona pueda hacerse responsable de sus actos.

Hay una redignificación de la persona. Todos tenemos esferas a ser sanadas y atendidas en el campo corporal, espiritual, psíquico y en todas estas esferas interviene el Señor. Todos tenemos talentos creativos y hay que ayudarlos a despertar.

Como agentes de pastoral, tenemos que disponerlos a un encuentro con Jesucristo. Nuestras Parroquias tienen que ser centros de irradiación, centros de formación permanente para salir al mundo formados con todo lo que la ciencia nos ofrece. Disfrutar de la alegría del conocimiento. Es resiliente quien logra ser feliz y productivo, resignificando su dolor.

Esto es un desafío para los catequistas, para que logren por medio de su actuación ayudar a los que se encuentran a la vera del camino. Ser factores de protección que dan lugar al fenómeno de la resiliencia.

Hay palabras que nos han dicho en nuestra niñez que nos marcan para toda la vida. Hay que cuidar los términos que se utilizan. Las frases marcan y se transforman en argumentos de vida negativos: yo no puedo, soy agresivo, todo me sale mal. Muchos chicos deciden no estudiar por ello.
Alguien tutor de resiliencia es capaz de hacer pie, a través de la estética, de lo creativo, todos podemos salir adelante.
Nunca terminamos de aprender quiénes somos.
Es muy importante el sentido del humor, la risoterapia. Generar en el otro que se pueda reír a sus anchas de su problemática. Esto levanta nuestras defensas. Ayudarle a que pueda reírse relativizando sus errores. “Si cuando aprendí me dijeron que me había equivocado, los que me enseñaban pensaban que yo ya lo sabía” Si a uno lo retan, lo taponan.
La risa aumenta nuestra capacidad de oración.
Todo se cura a través del amor incondicional y la risa, el sentido del humor es una llave mágica. Un chiste, una broma, cosas sencillas, sonrisitas.
Madre Teresa no dejaba que las novicias que se sentían mal saliesen a hacer sus tareas. Prefería que se quedaran en casa porque no podrían hacer su trabajo sonriendo.
Hay una urgencia de misión, de entregar a los hombres una vida plena. La mayor pobreza es no reconocer la presencia de la vida de Dios en el hombre.
La Iglesia es un factor resiliente de protección, la parroquia es una extensión de la familia.

Factores que ayudan a la resiliencia:
• Tener una escala de valores clara a la luz de la fe.
• El sacerdote es un activador de resilencia. Que con su solo vivir predique el Evangelio.
• También el médico que reza por sus pacientes, que bendice los medicamentos con una pequeña oración que potencie sus acción sanadora y cancele las acciones adversas y después le cuente a sus pacientes que ha rezado por él, y que le sugiera al paciente que rece sobre sus medicamentos, que le pida que también rece por él, para que el Señor le preste sus manos.
• O un ministro de la Comunión que lleve la Comunión a los enfermos con un trato amoroso.
• Las procesiones hacen que todos nos sintamos hermanados. Es una sensación bienhechora de fraternidad. El sueño de ser todos hermanos es posible. El sacar los pañuelos para saludar al santo, hay una sensación de pertenencia que es importante.
• Tener un lugar físico de reunión, un espacio vivido y transitado como propio.
• La tarea de llevar a otros la Buena Noticia, de llevarle una palabra de consuelo, la visita a los hospitales, a los geriátricos.
• La solidaridad con el otro, sentir que somos todos un cuerpo.
• Misionar
• Orar, que es hablar de amor con aquel que nos ama. Revivificar nuestra capacidad de oración.
• El sacramento de la reconciliación, cura nuestro corazón herido
• Ser agentes de esperanza para nuestros hermanos, que se traduce en salud y en proyectos

La Parroquia forma parte del ecosistema donde vive el individuo y cumple un rol resiliente muy importante. También es necesario que al menos uno de los dos progenitores sea alentador y positivo.
Debemos aprender a ser fuertes testigos de la resurrección del Señor, a no condenar a los heridos, a seguir el ejemplo de Jesús que lavó los pies a sus apóstoles y dio su vida por nosotros. Tenemos que ser sus pies que siguen caminando, sus ojos que miran con benevolencia, tenemos que seguir pensando en el carisma de alentar, perdonarnos los errores que hemos cometido y aprender a perdonar a los demás, ser portadores de perdón.

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